lunes, 26 de marzo de 2018

Leica IIIf: Objetivos invasores

Leica IIIf "dial rojo" de 1953

Muchos usuarios de las cámaras telemétricas Leica, de la serie original (como dicen algunos, las "auténticas" Leica) con montura a rosca para el objetivo, acostumbran a decir que ninguna de ellas tiene visor. Si bien es cierto que algunos modelos se fabricaron sin visor incorporado y se hacía necesario usar uno exterior, no lo es menos que los visores de las que sí lo poseen, distan mucho de lo que muchos entienden por visor y con lo que están habituados a usar.

Los visores de estas cámaras son extremadamente simples, tanto es así, que no disponen de marcas de encuadre, ni evidentemente cuentan con sistema de corrección del error de paralaje, típico en las cámaras telemétricas. De hecho, la telemetría se realiza a través de un visor diferente al de encuadre, aunque muy cercano a él. Estas cámaras tampoco disponen de ningún tipo de fotometría. 

Al no disponer de ningún mecanismo corrector del error de paralaje en el momento del encuadre, y evitar al máximo este problema, era necesario situar el visor muy próximo al objetivo, pero no nos engañemos, sigue existiendo error de paralaje, que se hace evidente en el encuadre de escenas a poca distancia.

Esta necesaria proximidad de los dos ejes (visor y objetivo), causaba una evidente invasión de la gran mayoría de objetivos, en el campo de visión del visor. Solo los objetivos más básicos y elementales, sin ningún accesorio montado, no son invasivos para estas cámaras. Ésto hace que muchos usuarios de este tipo de cámaras, usen siempre visores externos, montados en la zapata de accesorios, que, aún quedar más distanciados del eje del objetivo, y por ello, poseer más error en el paralaje, sean preferidos. Algunos de los visores externos, como los comercializados por Leica, poseen un corrector mecánico del paralaje entre él y el objetivo, modificando el ángulo que forman.

He intentado reflejar el problema mencionado en el artículo, mediante unas fotografías, pero aseguro que mirando a través de él, el problema es bastante más acusado.

En el primer ejemplo, podemos ver un objetivo no invasivo. Hay quienes aseguran que el Leica ELMAR 50/3.5, es la única lente que se puede usar cómodamente en estas cámaras, siempre que no se use parasol. Veamos lo que ocurre.

1. Objetivo Leica Elmar 5cm (50mm) f:3.5 de 1938:

Este es uno de los casos de objetivo no invasivo, en el campo visual a través del visor de la cámara.

Leica Elmar 5cm f:3.5 de 1938

Visión a través del visor de la cámara
2. Objetivo Leica Elmar 5cm f:3.5, con parasol original:

En este caso, ya se presenta una mínima invasión en el campo visual a través del visor de la cámara, causada por el parasol.

Leica Elmar 5cm f:3.5 con parasol

Visión a través del visor de la cámara

3. Objetivo Leica Summitar 50mm f:2 de 1948.

En este caso, ya se produce una invasión perceptible y un tanto problemática para realizar ciertos encuadres, al perder parte del campo de visión en la zona inferior.

Leica Summitar 50mm f:2

Visión a través del visor de la cámara

4. Objetivo Leica Summitar 50mm f:2 con parasol original SOOPD.

En este caso, ya se produce una invasión bastante molesta, en la que desaparece una parte considerable del campo de visión a través del visor.

Parasol Leica SOOPD, específico para Leica Summitar 50/2

Visión a través del visor de la cámara.

Como conclusión, el visor de estas cámaras puede ser usado cómodamente con objetivos de pequeño tamaño, como pueden ser el Leica Elmar 5cm, pero dejan de serlo si usamos lentes de mayor tamaño, más luminosas y por descontado, si usamos un objetivo de cualquier distancia focal diferente a la "normal" 50mm. Para ello, se hace imprescindible usar visores externos, de los que se dispone de una extensa gama de versiones diferentes.

De todos modos, son cámaras que pese a sus limitaciones y particularidades, se dejan querer, creo que precisamente por ese mismo motivo, y tienen muchos adeptos, como el que suscribe.

Leica ABLON

 
Hoy, un aficionado a las cámaras clásicas, me consultaba que no se ha podido resistir a los encantos de una cámara Leica, de las llamadas screw mount, y me he percatado de que desconocía por completo la particularidad de estas cámaras, respecto a la carga de la película.

Además de que estas cámaras están construidas para usar los chasis FILCA, fabricados por Leica (no olvidemos que Leica fue quien usó por primera vez la película de 35mm, usada hasta entonces solo para el cine, en una cámara de fotos y para ello, tuvo que "inventar" un chasis específico, que bautizó como FILCA), que son ligeramente más altos y al usar chasis convencionales, se corre el riesgo de que éste descienda y la película no quede bien alineada, quedando las perforaciones fuera del alcance de los dientes del piñón de arrastre, hay otra "particularidad". Las cámaras screw mount (montura del objetivo a rosca) no tienen tapa posterior practicable y el cuerpo forma una sola pieza. Esto hace que la placa de presión, que mantiene la película completamente plana y pegada al cuerpo de la cámara, dónde se formará la imagen en el momento de tomar la fotografía, siempre esté ejerciendo presión y no la podamos separar, en el momento de cargar la película, como hacemos con la gran mayoría de cámaras, al abrir la tapa trasera. Es por ese motivo que es imprescindible cortar la película en forma de cuña suave, como se indica en el interior de la cámara, para que en el momento de cargar la película, ésta, o mejor dicho, las esquinas de ésta, no dañen la cortinilla de la cámara, por culpa de la presión de la prensa.

Leica ABLON

Leica ABLON
Para facilitar la tarea, Leica comercializaba una herramienta, a modo de patrón de corte, bautizado como ABLON, que ayudaba a que, con la ayuda de una cuchilla (que también comercializaba, aunque vale cualquiera que esté bien afilada) y conseguir de forma rápida la forma del corte.
En la última imagen, se puede ver un ejemplo del tipo de corte aproximado a conseguir en la película, aunque en este caso, no se utilizó el Leica ABLON para realizarlo.

Con la intención de poder ayudar a todo aquél aficionado que decida adentrarse en el uso de esatas maravillosas cámaras, que aunque con sus particularidades, se hacen querer.

jueves, 22 de marzo de 2018

Historia de la Leica IIIf fabricada en Canadá


Cuando Ernst Leitz estableció en 1952, su nueva fábrica en Midland, Ontario, Canadá, uno de sus primeros productos fue el Leica IIIf, la primera cámara de la marca que incorporó la sincronización de flash incorporada y regulable, que se había estrenado (en Wetzlar) en 1950. La principal característica de las IIIf, que las diferenció del resto, fue la incorporación de un selector de retardo de flash, situado bajo el dial de velocidad de obturación, con una escala calibrada en milisegundos de 0 a 20, y grabado en números negros o rojos (según el año de fabricación). La versión posterior IIIf "esfera roja", realizada a partir de finales de '51 o principios de '52 en adelante, tenía un mecanismo de obturación mejorado y una velocidad superior de sincronización X de 1/50 seg, en vez de 1/30 seg de la versión de "dial negro". A partir de 1954, la IIIf se podía adquirir con un autodisparador mecánico de resorte incorporado, identificado por una palanca de aspecto elegante en el frente.
.
De las 5.367 cámaras IIIf ensambladas en Canadá desde 1952 hasta 1955, solo alrededor de 200 fueron grabadas como "Ernst Leitz Canada Midland Ontario" en sus placas superiores, lo que las hace extremadamente raras para los coleccionistas. Operacionalmente son indistinguibles de sus equivalentes Wetzlar, lo que no es sorprendente porque en realidad fueron ensambladas con piezas fabricadas en Alemania. Para el registro, el primera verdadera Leica "Made in Canada" fue la Leica M4-2 (y posiblemente el M4-P).
.
Las instalaciones de Leitz en Midland, funcionaron hasta 1990, momento en el que Leica decidió cambiar la fabricación de la M6 a Alemania. Poco después, la planta de Midland, Ontario, se vendió a una empresa estadounidense.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Historia de Leica.

No cabe duda que Leica tiene una más que interesante historia a sus espaldas y que no es muy conocida.

Empecemos por explicar el nombre que dio nombre a estas míticas cámaras y que aparece del acrónimo de Leitz-Camera y de ahí LEICA. A la fábrica "madre" Leitz, creada por Ernst Leitz, dedicada al diseño y la fabricación de dispositivos ópticos, como por ejemplo microscopios, le cambió radicalmente la historia, cuando apareció un ex trabajador de una de las empresas competidoras, de gran prestigio a trabajar para Leitz. Esa persona fue Oskar Barnack y la empresa de la que procedía, la prestigiosa Carl Zeiss.

Barnak, al que le afectaba una enfermedad que le causaba gran debilidad y que le afectaba en el desarrollo de su afición, que era la fotografía, debido al gran tamaño y elevado peso de las cámaras que se fabricaban en aquella época. Barnack tuvo muy claro desde el principio, que para que él pudiera desarrollar su afición, se debería reducir el tamaño y el peso de la cámara. Como no existía ninguna en el mercado, decidió desarrollar una propia.


Para empezar, tuvo que partir de un formato de película más pequeño que el utilizado entonces, que 9x12cm era de lo más reducido, de lo usado habitualmente. Para ello, usó la película perforada de cine de 35mm, que hasta entonces, no se usaba para fotografía. Barnack tuvo que diseñar y desarrollar incluso los chasis dónde se dispondría la película y que se les llamó FILCA.

Reducir el formato conllevaba algo importante, a menor tamaño de negativo, menor calidad de la copia en papel, ya que los errores y aberraciones de la óptica utilizada, eran magnificados todavía más. Eso no fue un problema que achantase a alguien que procedía de la sección de Investigación y Desarrollo (lo que hoy llamamos I+D) de una empresa como Carl Zeiss y tampoco para una empresa experta en la fabricación de microscopios y ópticas como Leitz. Así que desarrolló también unas ópticas específicas para la nueva cámara, que han sido y son, el estandarte de la marca.

Primera Leica
La nueva cámara era tan pequeña y ligera, que se podía llevar en el bolsillo de la chaqueta y cualquier persona podía usarla, incluso con alguna limitación física, como fue el caso de su creador. La óptica, tan sublime, que conseguía una calidad inusitada hasta entonces y permitía conseguir imágenes bien definidas en unos negativos tan pequeños, para la época. Como no podía ser de otra manera, la cámara generó gran revuelo y todo el mundo habló de ella, lo que provocó un lanzamiento al estrellato de la marca Leitz. Tanto fue así, que se buscó un nombre específico para esa cámara única y se usó el acrónimo LEICA.

El mundo LEICA acababa de empezar y el éxito llegó como un tren a toda velocidad. La empresa supo gestionarlo y no murió por ello, si no que continuó el desarrollo hasta nuestros días, no sin algún que otro bache, que por suerte pudo superar. Un mundo de posibilidades se había abierto y se desarrollaron multitud de dispositivos (cada uno con su nombre específico) que dieron rienda suelta, casi infinita, a la imaginación fotográfica.


Un poco de historia sobre Ernst Leitz

Carl Kellner


Ernst Leitz I (1843-1920) fue socio del "Optical Institute" (fundado en 1849 por Carl Kellner, para producir microscopios) en 1865, cuando sólo contaba con 12 empleados. Se asoció con la viuda del fundador original y su esposo, Friedrich Behltle (quien había sido aprendiz de Carl Kellner y luego se casó con la viuda, cuando Carl Kellner murió en 1855 de tuberculosis a la edad de 29 años.





Ernst Leitz I (1917)
Cuatro años más tarde, en 1869, se hace cargo de la gestión exclusiva y la expande bajo su nombre: Ernst Leitz Optical Industry. Veinte años después, la empresa ya contaba con 120 empleados y vendieron su microscopio número 10.000.
La compañía se administraba como una empresa familiar, donde los hijos tomarían el trabajo de sus padres y habitualmente, permanecían en la misma empresa, 2 o 3 generaciones. De hecho, también entre los empleados, los hijos y los nietos suelen seguir las carreras de sus padres en empresas como Leitz.

La propiedad de la familia Leitz durará más de 100 años de esta manera, hasta que tuvieron que comenzar a vender en la década de 1970.


Ernst Leitz II
Factoría ERNST LEITZ

Prueba realizada por Oskar Barnack de su cámara en Wezlar



martes, 25 de abril de 2017

Limpieza de Hasselblad Carl Zeiss Distagon 50/4 T* CF FLE

Por desgracia, hasta los mejores (y caros) objetivos, están expuestos a la proliferación de hongos en sus lentes. En este caso, le tocó a un objetivo Carl Zeiss Distagon 50/4 T* CF FLE para Hasselblad, que pudimos rescatar y recuperar su esplendor. Por suerte, la afectación por hongos fue subsanada a tiempo.





Reparación de golpe en Nokton 50

Arruinar una lente tras golpear el suelo en una caída, es algo a la que nos exponemos todos, mientras usamos nuestras cámaras. A pesar de poner todo nuestra atención y tratar el equipo con máximo cuidado, el riesgo existe y nunca podemos evitar esto por completo.

En este caso, el objetivo afectado fue un precioso Nokton 50/1.5, para Leica, que tras la colisión, quedó totalmente inservible, doblándose el parasol (y que gracias a él, se pudo evitar la rotura de la lente frontal), y desarmándose el cuerpo del objetivo, así como el anillo de selección de diafragmas.

Este objetivo en particular, es especialmente propenso a lo sucedido, puesto que el cuerpo principal, dónde quedan fijados los componentes del objetivo, es de material plástico que no resiste bien los impactos, sobretodo los laterales.

Para recuperarlo, se procedió a la reparación del elemento de anclaje, que sustenta el cuerpo del objetivo.






Hongos en lente Carl Zeiss Sonnar

Saber con certeza cuando aparecerán hongos en una lente o cuando no ocurrirá, es casi imposible, pero lo que sí sabemos con certeza, es que preservarlos de la humedad y la oscuridad total y absoluta, son buenas prácticas para llevar a cabo y evitar en todo lo posible que ocurra.

En el caso de que ya hayan aparecido, actuar con diligencia es crucial, puesto que los hongos no sólo aparecen y yacen sobre la lente, afeándola y restando calidad a la imagen obtenida, si no que con el tiempo, afectan y terminan por destruir, el recubrimiento anti-reflectante de la lente, con todas las consecuencias que esto tiene. Tanto es así, que incluso en las lentes sin recubrimiento, los hongos llegan a hacer mella sobre la superfície de la lente.

El grado de afectación que tenga la lente, por culpa de la acción de los hongos, determinará el resultado final de la actuación. Si éste es bajo, la lente se podrá recuperar completamente, con una limpieza exhaustiva, pudiendo prevenir la aparición de más hongos, por culpa de las esporas que pudieran estar depositadas dentro del objetivo, mediante un tratamiento fungicida.

En este caso, le tocó el turno a un objetivo Carl Zeiss Sonnar 80/2.8, con montura Contax y aunque los hongos ya empezaron a hacer estragos sobre el recubrimiento de algunas lentes, se pudieron limpiar y tratar, para evitar que apareciesen nuevamente y este fue el resultado: